febrero 03, 2011

Raspas de a 10


¡Raspados!, ¡raspados!, -me acerque al señor de cabeza cana, cubierta por un sombrero de paja que evitaba al socarrón sol. Su voz me abrió el apetito, el bochorno que me provocaba el típico clima de la ciudad me incitó a precipitarme hacia él. Observé minuciosamente su carreta roja, envidiando la frescura del hielo y de los frascos con jarabe a sus costados.


-¿que va a llevar niña? -de pronto me transporté a las fechas en que yo era una pequeña, me imaginé con trenzas bajo el cielo de marzo corriendo desbocadamente, como todos mis vecinitos, para alcanzar al señor de las raspas. Fue necesario despejar con la mano la nube de recuerdos que revoloteaban por mi mente para poder contestarle: -quiero uno de durazo porfavor. -¡mi favorito!-.
Raspó con calma su hielo, el vaso sudó desde el primer momento en el que puso la masa helada molida, colocó la mitad de un escualido durazno y vació con tiento un poco de jarabe. Mientras estiraba la mano para acercarme el raspado, sonriendo agradablemente me dijo: -son diez pesos.
Rebusqué con fiereza en mi bolsillo, temerosa de no contar con suficiente cambio, al fin logré ajustar los diez pesos.
El señor recibió su dinero y se encaminó con su voz jocosa presumiendo sus raspados. Y ahi me quedé yo, con mi cara de boba, con mi raspa de pàlido amarillo, que lo unico que tenia de durazno era el color. Sorbí con tristeza mi raspado mientras caminaba ensoñada en mi pasado.

No cabe duda que la vida, hoy por hoy, resulta muy cara. Unos años atrás las raspas eran de a cinco, con mucho jarabe y duraznos que daban gusto ver, hoy el dinero no alcanza, ni para comprar cosas caras, no se diga para vender más barato. Y es que comienzo a estar en desacuerdo de que culpen al gobierno por ello, que digan que la culpa la tiene Slim, porque él se queda con millones de dolares cada año, y no. Señores, aqui los únicos culpables somos nosotros, los que no reclamamos, los que olvidamos que Democracia significa originalmente "El Gobierno del Pueblo" totalmente simétrico a la era de "El pueblo del GOBIERNO" que al parecer estamos viviendo.
¡Alzemos la voz sin gritar!, hablemos sin preocuparnos de lo que piense el vecino, porque en el fondo, ¡nuestro vecino piensa igual pero tiene miedo de decirlo! ¿Porqué lo afirmó? Por la sencilla razón de que a pesar de la maldad, todos queremos lo mejor para nuestras generaciones futuras. Asi que no dejen su presente ni su futuro en manos de nadie más que ustedes, y no se preocupen del pasado, ese ya no tiene cabida en el "hoy".

Se aceptan todo tipo de comentarios, recuerden que nuestro único fin es alimentar la conciencia de las mentes.

Victoria Del Val

**nota: Al referirme que: "el pasado no tiene cabida en el hoy" es estrictamente a nuestras acciones, no ha olvidar nuestra historia que es la base de nuestro desarrollo. Sin embargo considero necesario en pensar que podemos hacer hoy y no en que pudimos haber ello, teniendo como precedente todo lo que México ha vivido desde su fundación.

¿Hemos olvidado lo que teníamos?

Me gusta caminar. Desde hace muchos años, es parte de mis rutinas de esparcimiento. Por lo común, recorro una hora y media, o algo así. Aunque últimamente, las responsabilidades me limitan a trayectos constantes.

El andar a pie te permite que aprecies los rostros de las personas, sus gestos, preocupaciones; que veas que, aunque todo parezca igual, siempre aparezca un nuevo detalle, alguno que no habías observado antes. Un detalle escondido en tu punto ciego.

Antier, precisamente, pasé por una calle en la que (al menos eso creo) jamás había transitado. Al parecer, la 1a poniente entre 8a y 12a norte. Me sentí por un rato como un visitante en una ciudad antigua.

Y, sin lugar a dudas, hay casas que nos remontan años atrás. A los años de las tejas, de las paredes de adobe, de las persianas de madera. Casas que nos hacen imaginar un Tapachula más tradicional. Sin autoservicios en cada esquina.

No estoy en contra del desarrollo de la ciudad. Pero cambiar por cambiar no tiene sentido. Hay cosas que constituyen parte del patrimonio histórico de Soconusco. Y, con ello, quisiera referirme a la evidente destrucción de muchos edificios añejos en el primer cuadro de la ciudad. Ya hubieron quejas, ya se construyeron otras cosas... en fin. No ahondaré en ello.

Pero el patrimonio, ustedes estarán de acuerdo seguramente, no lo constituyen solamente los bienes materiales. Recordemos las historias de los abuelos. Concretamente, las de los ríos. ¿No son acaso parte de la riqueza natural de nuestra región? Un río no es una corriente de agua sobre la cual se pueden verter desechos. Es algo más. No debe ser el sacrificio de una mala planeación urbana.

Recientemente la SEMARNAT llevó a cabo estudios y se detectó que ya hemos rebasado los estándares de contaminación en ríos y mares. ¿No es ya alarmante que requerimos una inversión en estos rubros? ¿Es necesario que se tengan que cerrar las playas o una alerta roja en infecciones por los patógenos en ellas? Dime, joven lector.

A propósito, cada vez que en la primaria cruzaba el puente del río Tescuyuapan, no podía creer cómo es que de pronto veía garzas en ese lugar y me preguntaba si se habrían acostumbrado. Y hoy, me preocupa que los habitantes nos hayamos acostumbrado tanto a ver (incluso vivir) tales escenarios y que los esfuerzos por atender cultura, sociedad y ambiente sean contados (y muchas veces, ignorados). Y no quiero pensar que esto vaya para un largo rato. Que no vivamos una conciencia comunitaria y nos encerremos en el egocentrismo y el hedonismo, mundialmente, en boga.

Quiero aterrizar en las siguientes preguntas: ¿nos hemos olvidado de lo que teníamos? ¿hemos volteado la mirada hacia nuestras calles y ríos? ¿nos hemos vuelto tan soberbios como para olvidar nuestras raíces e ignorar nuestros paisajes?

No sé ustedes, pero prefiero gastar 30 pesos de pasaje y estar cerca del volcán que pagar 300 pesos por unas horas frente a un artista. Es una mejor inversión, ¿no?.

febrero 02, 2011

2 de febrero y corriendo





Disfrutaba de una deliciosa taza de chocolate y me di cuenta, mis ojos desmesurados se enfocaron sobre la pequeña cabecita que se habría paso entre la esponjosa masa que lo recubría…

Vaya sorpresa, ¡un niño frente a mis ojos! con los ojitos cerrados y tan blanco como la leche. Aún no terminaba de pasar mi asombro, cuando atragantándome con mí espumosa taza caliente noté un punto blanco justo a su lado: ¡otro pequeñito!
-¿Es qué esto nunca acaba? –pregunte adormilada, mientras los demás volteaban a verme y rompían a reír a coro por mis ocurrencias.
Así es amigos, de la mini-ligth-rebanada de Rosca de reyes que dispuse, salieron dos muñequitos, ¡dos! y hoy, por supuesto, yo pago los tamales… bueno, no realmente, la verdad es que me tocó poner la música, ya que lamentablemente esta tradición que data desde la época de la conquista se ha ido deteriorando con el paso de los años.
Esta celebración indica la presentación del niño Jesús al templo después de los 40 días de nacido, marcando con esto, el término de la navidad. Coincidentemente, en México se celebraba por estas fechas un rito similar, según se narra en los escritos del fraile Bernardino de Sahagún, en el que nuestros antepasados rendían culto a los dioses con tamales y atol, para pedir por lluvias fertilizantes y cultivos abundantes. Con la conquista estas costumbres se fusionaron y trajeron consigo lo que hoy conocemos como “el día de la candelaria”. Recibiendo este nombre derivado de la palabra “candela” ya que hace referencia a Jesús como la Luz del mundo. En la comunidad católica, se ha adjudicado la aparición de una virgen en las islas Canarias como patrona de estas fiestas y se le festeja también a ella pidiendo los habitantes de estas islas por el clima en sus tierras.
Pese a todos los antecedentes, la historia que ha hecho de estas festividades una tradición mundialmente conocida, se ha ido deteriorando, si bien aún se marca en el calendario, es conocimiento de muchos que esta se utiliza como un pretexto para una convivencia social , dejando de lado los valores y principios que justificaron su existencia. Gran ejemplo de ello es que ya podemos celebrar este día ¡en cualquier antro de nuestra ciudad! Siendo originalmente para la tradición católica y para muchas religiones una fiesta de guardar.
No es anormal que nuestro ritmo de vida y nuevas adopciones culturales modifiquen drásticamente nuestras tradiciones, sin embargo, en mi particular opinión, considero que hay cosas por las que se debería guardar respeto. Que este día sea un recordatorio de la Luz que falta en nuestras vidas, que celebremos, ¡si!, ¡por supuesto!, pero unidos, con las personas que amamos derrochando amor y armonía propagando esa Luz en nuestros corazones, no rodeados de completos extraños al ritmo del bum bum y totalmente embriagados (cosa que aclaro, no es de mi incumbencia, podemos hacerlo estoy de acuerdo, es nuestra vida, pero no usemos de pretexto estas festividades es como restarle credibilidad en este mundo de por sí ya insano).
Cierro este día tan sólo con una felicitación e invitándoles a que reflexionen, no sobre esta nota específicamente, pero si sobre la vida, que analicen y que actúen. Recuerden que este espacio es suyo y la retroalimentación nos permite crecer. Un fuerte saludo y un beso.
Victoria Del Val.

diciembre 30, 2010

¡NO TE OLVIDES!




  
Bastante acostumbrados estamos todos, de que a estas fechas fechas tan bizarras el esnobismo las invada con felicitaciones por aqui, abrazos por ayá, un regalito para ti, muchas gracias para otros, en fin. ¡Que no suele pasar en estas fechas que no sea lo mismo! Muchos suelen ser felices solamente en diciembre, otros acostumbran quejarse de todo lo malo del año precísamente en la última semana del mismo y otros, los más peculiares, les da igual. Pero, ¿Qué es lo que realmente podría ser lo más rescatable de un fin de año? Evidentemente todos estamos hartos del protocolo, por lo que no quiero ceder ante la corriente festejante pues de sobra han de tener; por consiguiente, viendo lo que nos envuelve como sociedad, ¿Qué otra cosa podríamos considerar para este fin de año que no sea lo de siempre?... Movamos un poco nuestra perspectiva tradicional y pensemos pues en ello.
Un año más está por terminarse, así es que estamos a solamente unas horas para que el 2010 pase a formar parte de la historia. ¿Y que? ahí pues el punto en cuestión. Qué haremos ahora con el sucumbiente año del "bicentenario" quien nos dice que se nos ha ido la primer década del nuevo milenio y todo parece ser como de costumbre, un año más, un años menos; y es que en realidad, para qué le hacemos al cuento si así lo es. Sin embargo, como entes pensantes y ciudadanos de un país no tan pulcro ¿Qué sucede cada vez que se termina un año y otro está por comenzar? Mis estimados lectores, lo dije al principio del presente párrafo, el año que se termina, "será historia"... y nos seguimos preguntando: ¿Y a mí qué?
El año que se termina es tan digno e imoprtante como aquel 1810 y vean que no quiero hablar de falsos bicentenarios (ya lo comenté antes), sino que quiero enaltecerlo como todos lo años que conforman nuestra historia humana, sucesos por aqui, muertes por ayá, atentados en no sé donde, terremotos quien sabe cuando, calentamiento global a saber porqué... ¡Eso! lo que este año nos dejó y lo que representa para nuestro futuro. Hago referencia a este tema tan tedioso y abstracto a la vez, porque me preocupa todo lo que sucede a mi alrededor. Y no soy un mesías ni me interesa serlo, sino que si pronto olvidamos lo que hemos vivido, tal parece (y la historia nos lo confirma) que la vida tendrá que volvernos a recordar todo, hasta que aprendamos que los errores antes cometidos, no se deben volver a realizar. Por eso, un ilustre por ahí del siglo pasado bien dijo: "Un pueblo que desconoce su historia, está condenado a repetirla". Y es que Ortega y Gasset tenía razón, y espacio me faltaría al igual que tiempo para intentar probarles lo mencionado. Por ende, no me queda más que en efecto, desearles un feliz y magnífico año "2011" (¡Bravo!) esperando que el viejo 2010 no se nos olvide pronto, o tendrán los narcos que volver a recordárnoslo.




SOLILOQUIO:
 De todo corazón, muchas gracias a todos aquellos que me recibieron de buena manera en este espacio durante este año que se termina, jamás será sencillo pensar para saber expresar, por lo que nunca mis palabras serán una regla, pues se hacen y se deshacen con el paso del tiempo. Por ello, a esos que se atrevieron a sentir hondo, pensar alto y hablar claro junto a mi, sean pues mis mejores deseos para este venidero e incierto 2011. Y "porque mi mejor palabra, hasta hoy, es la escrita":


"FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS USTEDES"


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noviembre 15, 2010

ADIÓS MI AMADA TAPACHULA




Era el día martes, julio 21 del 2009; pasado las 19:30 horas, fue la última vez que vi las calles de Tapachula, para nada envidiables en comparación de otros lugares, pero sí, mi linda ciudad, mi lugar natal. Partía y sin tener muchas cosas en claro, pero era el momento de marcharme. Lo siguiente, surgió en los minutos posteriores de haber abandonado la ciudad, por tierra, claro, pues no quería perderme la oportunidad de ver por última vez a “Soconusco”… Remembrando a todos, a mis amigos, mis viejas alegrías e ilusiones, no hice más que aquello que por mucho he acostumbrado a hacer: Escribir.
Espero que les guste, porque es para ustedes y por ustedes, claro, en especial mi linda gente tapachulteca. Con mi mejor aprecio y recuerdo:

Dieciocho primaveras fueron,
Esos amaneceres y esos ocasos
En tus acogedoras entrañas;
Ha pasado el tiempo ingrato
Y hoy a ti te digo adiós.
Recuerdo como si fuese ayer
Cuando por tus calles caminaba,
Cuando por ellas incansable corría
Mientras jugaba a las agarradas.
Aún tengo presente, cuando
En tu fértil tierra mis manos ensuciaba;
Donde me caí por primera vez,
Donde lloré de dolor pasajero
Cuando veía mis rodillas heridas.
Recuerdo tus hermosos campos
Donde yo corría tras mi vieja pelota,
Y cuando el viento fuerte soplaba,
Dichoso mi colorido barrilete volaba.
Tapachula, mi Tapachula;
¡Cómo podré agradecerte dime!
¿Cómo agradecer esas horas,
Cuando tras los palomares presuroso
Corría yo por tus plazas…?
¿Cómo poder pagar cada uno
De aquellos gratos momentos
De locura y romance ignoto?
¡Me voy de ti! de ti me voy;
Se va este cuerpo tan inerte,
Mas en ti se me queda el alma.
Emigro pues la injusta necesidad
Hoy no deja otro remedio;
Pero do quiera que me halle,
Muy lejos de tu presencia,
Siempre estarás en mi conciencia.
Tapachula, ¡Ya no correré
Por tus campos húmedos y verdes!
Do la esencia del café es perenne.
Ya no miraré en ti la blanca luna,
Ya no caminaré más por tus calles;
¿Y de quién me enamoraré?
Si todo cuanto amo en ti dejaré.
No respiraré ya más el bello rocío
Del jardín que daba hacia mi ventana,
Pues él se queda en ti, y yo sin él,
Y tus árboles únicos y frondosos,
Mis ojos su verde no volverán a ver.
Tapachula, mi Tapachula;
¿Qué voy a hacer ahora
Que ya no estarás conmigo?
¿Qué voy a hacer si a enamorarme
En ti me había acostumbrado?
¿Qué haré sin aquellos atardeceres
A la orilla de tu hermosa playa,
Donde al sol radiante en el horizonte,
Ocultarse veía yo con romance?
¿Qué voy a hacer sin tus paisajes?
¿Qué haré sin el agua sempiterna
De los ríos que rodeada te refrescan?
Tapachula, mi amada Tapachula,
Hoy me alejo de ti, Tapachula,
Sin conocer el día de mi retorno;
En la congoja tan envolvente
Y la melancolía desconcertante;
Entre lágrimas y pucheros,
Me voy despidiendo poco a poco
De la hermosa llanura que eres;
Esa “Perla” que tanto ama “Soconusco”.
Dios bendiga tu porvenir,
Mi Tapachula, te bendiga a ti.
Mas un favor te pido solamente:
Cuida a mis hermanos,
Quienes su amistad incomparable
Me brindaron sin condiciones;
Inúndalos de mil alegrías
Con el fresco suspirar de tu mar;
Que tu cálido y húmedo clima,
Les provea de un cómodo hogar,
Do felices ellos puedan reposar;
Y enamóralos con esos bellos paisajes,
Así como lo hiciste cuando yo pude;
Esos do el Tacaná hace alarde
Cuando el sol temprano aparece;
Con ese atardecer que protagoniza
En el horizonte de tu bella costa,
De aquel puerto que llamaron Chiapas.
Cobíjalos pues de tal manera,
Con esos dichosos días de ensueño
Que compartiste con este triste pensador,
Ese que recuerda lo que tú le enseñaste:
Amar, amarte, amar el todo y a todos.
Adiós pues mi querida Tapachula,
Mi natal ciudad amiga,
Mi linda tierra de mil prodigios,
Esa donde hoy mi gente se queda.
Recuérdame siempre tú,
Como yo lo haré fiel de ti
En mis versos, mis palabras,
Mis andares, mis descansos
Y en mi perenne soliloquio.
Dios te bendiga, Tapachula,
Deseo hoy como siempre;
Y con lágrimas en los ojos,
El corazón ahogado en melancolía
Y el alma sucumbiendo sin sosiego,
A ti, mi amada tierra costeña,
A quien entregué mis días mozos;
A ti, que hoy eres parte de mí,
Y yo siempre de ti: Te digo adiós.



“Con grande aprecio para Tapachula y su gente, a quien siempre con alegría recuerdo”

Gilberto Esteban Gómez Lara.


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noviembre 09, 2010

LO COMPLEJO QUE RESULTA DECIDIR



Mientras me hallo en situación tan tergiversada, por desconocer demasiadas cosas e intentar hacer cada una de ellas lo mejor posible, comencé de nuevo en el siglar perenne del soliloquio, y pensé en el siguiente relato.

Podría narrarlo así:

En una ocasión, un hombre partió de su pueblo natal, con el fín de hallar una mejor vida fuera de ahí. Al parecer, su necesidad era enorme y le resultaba menéster partir. Sin embargo, algo que le afligía, era el hecho de jamás haber abandonado su pueblo nisiquiera para ir de paseo, era un neófito rotundo en cuanto al trayecto se trataba. A  pesar de todo, decidió no ver a su ignorancia y darle prioridad a su necesidad.
Indicaciones de quienes conocían el camino, le habían dicho que en el punto donde el trayecto se confundía, él debía seguir por el camino más hermoso, aquel donde florecia el follaje más bello que jamás se hubiese visto y que tal rumbo, lo llevaría hacia el éxito buscado. 
Habiendo pues prestado gran atención a tal indicación, aquel hombre emprendió el viaje.
Después de varios días de caminar, y de haber seguido el mismo camino uniforme y sin variar, cuando creía que jamás hallaría su rumbo y cuando a punto de darse por vencido y retornar estaba, se situó en un lugar donde efectivamente el camino se confundía, pues en tal sitio, se intersectaban dos caminos con el que aquel hombre transitaba. Esto lo hizo pensar y tomar la decisión de ir por uno de estos dos caminos, aunque no le parecía hallar ahí a las flores y el follaje más hermoso que jamás se hubiese visto, pero le parecía más llamativo que seguir en el monótono camino que transitaba, o tomar el otro que se veia deplorable. Después de andar por un largo rato, el caminante se dió cuenta de que se había ido a meter en el hábitad de fieras y bestias salvajes, quienes tiempo después, lo habrían atacado...
Han de saber, que la desfortuna de aquel sujeto radicó en lo siguiente: En efecto, el camino que había tomado no era el adecuado, sin embargo, también es cierto que era el que más prometedor se hallaba en cuanto a belleza se trataba, en comparación con el segundo camino, o el trayecto del monótono rumbo que iba transitando. Sin embargo, también sabrán, que esos dos caminos no eran los únicos que habían, pues aquel hermoso camino de bello follaje del que alguna vez a tan desdichado sujeto le hablaron, se hallaba posterior a la curva próxima del camino original y monótono que aquel hombre llevaba.

SOLILOQUIO:
¿Falta de paciencia?... Es probable que el haberse precipitado halla sido el error más grave de aquel viajero, pues debió haber continuado por el mismo camino pacientemente, que pronto hallaría el indicado. Sin embargo, ¿Quien le iba a advertir a ese sujeto que más adelante se hallaba otro camino y que ése era el que tanto le habían mencionado?... 
Lamentablemente nadie es vidente, y mi congoja es, porque como tal viajero me hallo; no sé y quizá nunca sabré, si el camino tomado, fué el indicado; o quizá el camino correcto estaba después del primero. 
No sé, si el que debí haber tomado estaba a la vuelta de la paciencia.


Gilberto Esteban Gómez Lara



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noviembre 01, 2010

DÍA DE MUERTOS, TRADICIÓN NUESTRA.

Imagen tomada de CEJA GÜERA
Hace unos días, previos a nuestro mexicanísimo festejo del “Día de muertos (‘Jalogüiniano’)”, mientras paseaba con una persona por las calles del centro de la ciudad donde resido, se nos ocurrió visitar un pequeño mercado improvisado en una plaza del mismo lugar, especialmente instalado por el “Día de muertos”. Esto, debido a que por trabajar en el medio educativo al igual que yo, mi acompañante necesitaba una calaverita para una actividad con sus pequeños párvulos.

El dilema radicó, en que al llegar a uno de los tantos puestos, y hacer espera ahí por la adquisición de un producto, tomé y tomé fotografías de todo lo que vi; de pronto, apareció una cara igual de lúgubre y arrugada que las máscaras que retrataba; era una señora, la encargada del puesto quien casi se me venía encima por haberle sacado unas cuantas fotografías a sus disfraces que tenía en exhibición. He de reconocer que pasmado quedé por lo sucedido, pero no sabía si era por el reclamo, o por el asombroso trabajo de la señora por darle un toque magnífico a su atuendo y rostro, como para ponerse en ambiente a los festejos (ay, lo que es necesario hoy en día con tal de vender), y fue algo tan peculiar, ¡porque hacía parecer que su aspecto era real!... (¿O si era real?) Como sea, lo que yo aún  no logro explicarme es el porqué de su desencanto por unas simples fotografías que un transeúnte tomaba, evidentemente estaba yo capturando instantes por doquier; además,  ¡le consumimos!... y fue entonces cuando pensé y dije, ¿será que algún sentimiento de culpa la hizo reaccionar así?

Amigos lectores, déjenme comentarles que, es probable que muchas personas como la fémina que me reclamó, tomen actitudes como estas ante tan noble acto, porque muy en el fondo se han de dar cuenta que lo que hacen no es tan correcto, sin embargo, recurren a eso porque algo tienen qué comer, algo tienen qué vender porque de algo tienen qué vivir; y qué importa si nuestras tradiciones se van al carajo o peores culturas nos invaden, Nadie se atreve a combatir contra algo que parece tan avasallante, que creen que no vale la pena (yo muchas veces).

Les comento esto, porque al asomarse una vez más por estas fechas, uno se da cuenta de que con el paso del tiempo, cada vez son menos los que saben y más los que ignoran. Vemos hoy en día a montones de gente por ahí, haciendo sus fiestas de “Jalogüin” y promoviendo la fiestas de disfraces, sobre todo en una juventud tan neófita como la mexicana, a tal grado que cuando llega el 1 de noviembre, todos están ebrios y crudos, que prefieren ni acordarse de lo que se celebra, y llega el día 2; y aún siguen con la resaca, porque han de saber, que hoy el alcohol ya no es fundamento de las fiestas como antes, hoy en día lo natural es tomarse un buen de químicos e hidrocarburos para que la cosa tenga sentido; el tequila a los jóvenes de hoy, ni rasguño les hace. Y vemos las grandes masas de mexicanos agringados, llevando a sus hijos a pedir calaveritas, con sus mexicanísimas máscaras de “chuqui” y quién sabe cuánta cosa más. Brujas, diablos, hechiceros, en fin; eso sí, orgullosamente mexicano. Y pocos se acuerdan de ir por unas flores de cempaxóchitl, preparar un altar o disfrutar de un buen día familiar adornando las tumbas por los cementerios de queridos difuntos que se nos adelantaron.

¡No!... eso ya está pasado de moda… Hoy, en México pocos visitan un cementerio por miedo a que se abran las tumbas y nos vayan a salir unas momias por ahí, o algún monstruo, porque nuestra nueva tradición “jalogüiniana” así nos lo recita. Se ha perdido poco a poco la inocente convivencia familiar recordando a un ser querido, la hemos cambiado por una sarta de pachangones enmascarados. Al parecer, con el paso del tiempo, cómo nos ha ido afectando nuestra extrema cercanía con el gigante vecino del norte, el monopolio televisivo, cinematográfico, musical, por mencionar algunos. Hoy en día son muy pocos los que recuerdan fielmente una tradición, sin importar la que sea; muertos, patria, navidad, año nuevo, si las costumbres del otro lado son más bonitas. Y al ver todo esto, lo único que me hace eco en la mente es: Mediocres, malinchistas e ignorantes. No quiero ofender a nadie, por lo que este punto de vista, es muy particular, y si el saco les queda, pues será de ustedes, y si no, pues pásenselo al de a lado.

Por cierto, ¿No me dan mi calaverita?... ¡Un saludo a todos y gracias por sus comentarios!

 ¿Cempaxóchitl?: ¡Cempasúchil pues!

SOLILOQUIO:
Por ahí dicen, que tan preocupada anda la “catrina”, porque ya nadie se acuerda de ella, a tal grado que también ella salió a pedir su calaverita. Sin embargo ha carecido de éxito, porque después de visitar las casas, de forma burlesca le dicen que su atuendo no tiene chiste, a tal grado, que ya considera notablemente, para el año que viene, comprarse un disfraz de brujita y haber si le pueden dar algo para comer, porque casi nadie le deja alimentos en los altares, al parecer, ya ni altares hay, y con tanto muerto qué alimentar…


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